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El porqué de la crisis económica

Bien, direis muchos. Esto ya ha si no analizado en muchos blogs, y hay hasta grandes documentales, al respecto, como “Inside Job”.

Inside Job | Subtitulada from Humanidad en Transicion on Vimeo.

Pero todos estos documentales y post lo que hacen es explicarnos como se ha producido. Cuales son los hechos que nos han llevado a la crisis económica. Cuales son las causas. Pero pocas veces nos hemos parado a pensar porqué.

Retrospectiva histórica

Antes de que se inventara el dinero, en las sociedades prácticamente tribales, el trueque era la forma de comercio. Yo tengo X y tu tienes Y y llegamos al acuerdo que que tu me das X y yo te doy 2Y o viceversa, según el valor que se le supusiera al bien a intercambiar.

Cuando estas sociedades crecieron, el trueque hacía difícil tener un control sobre cuanto se intercambiaba y como se hacían estos intercambios. Entonces se inventó un sistema intermedio, que asignaba un valor cuantitativo, matemáticamente, a las cosas. Este invento fué el dinero y su función, básicamente, fué el de gestionar los recursos disponibles, asignando un valor a todos los recursos (bienes y servicios) en función de la cantidad que hubiese de estos (oferta) y la demanda que tuvieran. Así nació la economía monetaria que conocemos hoy en día.

Comprar y vender dinero

Así las cosas, tenemos un sistema intermedio en el intercambio de bienes y servicios. Pero la intrusión del capitalismo introdujo un nuevo concepto, a través de la banca, que cambiaría las reglas del juego, dandole un giro que ha resultado crucial: el mercado de valores.

El mercado de valores, lo que conocemos como bolsa, introduce el concepto de inversión, en la cual una persona compra unos “pedacitos” de una empresa (acciones), con la intención de ganar dinero en base a las ganancias de esa empresa. Pero en la bolsa, esto queda en un segundo plano y lo importante se vuelve, al final, la subida del valor de esos “pedazitos” con vista a su venta. Este valor, de repente, no se pone en función de los beneficios de la empresa en la actualidad, sino que incrementa su valor en función de que el posible comprador crea que en un futuro tendrán más valor. El valor de las acciones se marcan en función del futuro de dichas acciones, y no en su valor presente. Campo abonado para la especulación. La bolsa, de repente, en vez de basarse en los hechos, se basa en rumores y en predicciones echas en base a lo que se cree que va a ocurrir.

Ya solo en 2007 se calculaba que el 70% de los movimientos económicos realizados a nivel mundial correspondian al mercado de valores. Y solo un 30% se correspondía con intercambio de bienes y servicios. Era la confirmación de que el sistema que tenía que gestionar nuestros recursos había cogido valor por si mismo, dejando los recursos reales en un segundo plano.

Todo esto falla por un error de concepción: cuando el dinero ha cogido más importancia que los propios recursos que debería gestionar.

Globalización y despilfarro

Pero el sistema capitalista no solo ha introducido en sus principios este punto de falla. La Globalización ha supuesto otra de las mayores perversiones en la gestión de recursos, desde el momento en el que se da un valor a un recurso no por su utilidad, sino en función de su localización.

Pensemos, por ejemplo, que queremos fabricar y distribuir para su venta en España camisetas. Para ello necesitaremos:

– Una plantación de algodón.
– Una fábrica donde conviertan el algodón en camisetas.
– Medios de transporte para trasladar el algodón a las fábricas, y las camisetas a las tiendas.

Si pensaramos en la gestión de recursos, y pensando que un mismo recurso tiene un mismo valor, lo lógico sería que la plantación y la fábrica estén lo mejor comunicadas posible, así como cercanas, para ahorrar lo máximo en transporte. Y la fábrica convendría estar lo mejor situada posible con respecto a las tiendas para ahorrar en su distribución.

Pero pensando en dinero, la cosa cambia. Como los sueldos son más bajos, el algodón lo compramos en Egipto y la fábrica la ponemos en Bangladesh. Y hacemos el transporte de todo en barco, durante miles de kilómetros. Esto supone un desperdicio de recursos brutal, que sin embargo, resulta rentable. A lo demás, en estos países donde se ponen las fábricas, los trabajadores están en un estado de esclavitud (porque no tiene otro nombre) con unas condiciones de trabajo que los directivos de estas empresas no querrían ni para las cucarachas de sus casas. Pero eso da igual.

La Globalización supone un ejemplo claro de la subordinación de los recursos al dinero, que es quien, finalmente, tiene importancia.

Conclusiones

El sistema financiero actual ha fracasado, porque en vez de intentar mejorar la distribución y gestión de los recursos naturales, servicios proporcionados y bienes de consumo, se ha puesto todo el peso del valor en el propio dinero, es decir, en la propia herramienta de gestión. Básicamente es como si le dieramos más valor a los martillos que a las mesas que fabricamos con ellos.

A partir de ahí, cuando basamos todo el valor de nuestra gestión de recursos en un sistema puramente especulativo, la crisis actual solo era cuestión de tiempo. Los recursos que tenemos a disposición son los mismos, pero las relgas de su gestión han cambiado. De echo estos recursos ya carecen de importancia. Solo importa el dinero de por si. Por eso esta crisis no tendrá fin. Porque la importancia final no la tenemos ni nosotros, ni nuestras necesidades, sino la avaricia absoluta y especulativa de unos cuantos, por acaparar una herramienta.