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Por qué no soy pro nuclear

nuclear

Primeramente, y antes de comenzar la exposición, querría aclarar que no ser pro nuclear, no significa ser antinuclear. Durante toda la exposición de este artículo, veréis que en ningún momento hablo de altas probabilidades de cáncer, ni de accidentes, ni de malformaciones. No es el objetivo de este artículo, que estará basado en otros parámetros. Entre otras cosas, porque hay demasiados mitos en ese sentido que habría que desterrar.

Sin embargo, la exposición si que va a estar basada en los siguientes pilares:

  1.  Huella de CO2 e impacto ambiental.
  2.  Almacenamiento de residuos nucleares.
  3. Viabilidad a medio y largo plazo.

1 – Huella de CO2 e impacto ambiental.

La principal baza que esgrimen los defensores de la energía nuclear es que las centrales nucleares no emiten CO2. Eso es totalmente correcto. Pero resulta un cálculo algo simplista. La huella de CO2 no da una idea más clara y concreta de cuanto se contamina, dado que tiene en cuenta todo el ciclo de vida de la fuente de energía de la que estemos hablando, contando desde la fabricación, hasta su desmantelamiento. Esto es así porque de poco nos sirve que la propia central no contamine, pero necesitemos emitir mucha contaminación para asegurar su funcionamiento.

Para este cálculo se tendrá en cuenta el CO2 emitido durante la fabricación de la central y su desmantelamiento, así como para la extracción, tratamiento y transporte del combustible nuclear, teniendo en cuenta que la media de vida de una central nuclear son unos 40 años. Este trabajo ya fué realizado por un investigador de la Universidad Nacional de Singapur, Benjamin Sovacool, se propuso identificar los estudios más actualizados y transparentes (Ver paper). Su trabajo, publicado en 2008 en Energy Policy, cubría 103 análisis de ciclo de vida sobre emisiones de centrales nucleares, de los que fue descartando los más antiguos (anteriores a 1997), los que fuesen poco accesibles y aquellos que siguiesen una metodología que no pudiese compararse con el resto o que generasen dudas. Al final, se quedó con 19 estudios, con una horquilla de resultados bastante amplia: Nada menos que entre 1,4 y 288 gramos de CO2/kWh. A partir de todos estos trabajos, el investigador de Singapur calculó para la huella de carbono de una central nuclear un valor medio de 66 g CO2/kWh, lo que estaría por encima de todas las energías renovables, aunque todavía bastante por debajo del gas o el carbón. (Fuente – El Pais: El CO2 generado por la energía nuclear 23/02/2011)

Si quereis podeis comprobar lo que contamina un generador eólico (ver ref. ) o una placa fotovoltaica (ver ref. ). A modo comparativo, los datos del ministerio de industria sobre factores de emisión de CO2 es:

FactoresEmisionCO2

(Ver PDF completo)

Y cual ha sido su producción eléctrica:

Produccion_electrica

(Ver PDF completo)

Así mismo, algunos estudios revelan que las emisiones de vapor de agua a la atmósfera multiplica los efectos del efecto invernadero hasta tres veces (ver paper ). A este respecto habrá que tener en cuenta que el vapor de agua es el único residuo (exceptuando el propio combustible nuclear) que genera una central nuclear.

2 – Almacenamiento de residuos nucleares.

En España las previsiones realizadas por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), en el Sexto Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR) aprobado en julio de 2006, estiman que la producción total de combustible gastado será de 6.674 toneladas de uranio metal, lo que significa un volumen de unos 13.000 metros cúbicos.

En la realización de estas estimaciones se ha considerado como escenario la no variación del actual parque nuclear, ocho reactores en seis emplazamientos, con un período de vida de cada instalación de cuarenta años, desde su puesta en marcha hasta su parada definitiva.

Aunque no se cierra la posibilidad del reprocesado en el extranjero, en el referido PGRR se contempla que el combustible gastado, una vez sacado del reactor, pasa a ser considerado residuo radiactivo de alta actividad, el cual tras su estancia en la piscina de la propia central nuclear se depositará en un almacén centralizado. El Plan apuesta por crear un Almacén Temporal Centralizado, ATC, para albergar el combustible gastado antes de 2010 y continuar con las investigaciones que se están llevando a cabo y que se centran en la Separación y Transmutación (S-T) y en el Almacenamiento Geológico Profundo (AGP).

(Fuente: Foro Nuclear – 129. ¿Qué política se sigue en españa con el combustible gastado? ).

3 – Viabilidad a medio y largo plazo.

El mapa de la energía nuclear en España es el siguiente:

CentralesNucleares

(Fuente: Foro Nuclear ).

Se trata de centrales nucleares que han sido fabricadas entre los años 60 y 1987. Teniendo en cuenta que la vida media de una central nuclear es de 40 años, estaríamos hablando de que la última central nuclear se cerraría en 2027, que en términos de política energética está a la vuelta de la esquina. Esta circunstancia nos obligaría a plantearnos a medio plazo la construcción de nuevas centrales nucleares que sustituyan a las actualmente en servicio.

En la actualidad, tenemos ejemplos del coste de construcción de nuevas centrales nucleares. Estos planes fueron realizados por Finlandia y Francia, que han visto como los sobre costes de los proyectos han dado al traste con su viabilidad. El ejemplo más clamoroso ha sido la central nuclear de Olkiluoto-3, en Finlandia, cuya construcción comenzó en diciembre del año 2000 y cuya puesta en funcionamiento se calcula sobre 2015, si no vuelve a haber retrasos. El presupuesto inicial fue de 3.000 millones de € que se han visto elevados hasta los 8.500 millones de € en 2012.

Para que os hagáis una idea, el coste de esta central podría convertirla en la 5ª o 6ª estructura más cara del mundo superando, incluso, al HLC. (ver también: Olkiluoto-3 o el fracaso del referente nuclear finlandés )

Pero el caso finlandes no es el único. Francia también ha visto como el proyecto de la central nuclear que está construyendo en Normandía se ve en peligro, de nuevo, debido al sobrecoste.

CONCLUSIONES

Basándonos en los datos expuestos y, a modo de resumen, podríamos concluir:

  1.  Aunque durante su ciclo de vida contamina menos que las centrales de gas o carbón, todavía contaminan más que las fuentes de energía renovables.
  2. Generan unos residuos que, al menos de momento, solo se pueden almacenar, hasta que sepamos que hacer con ellos. Recordemos que se trata de residuos radiactivos altamente peligrosos que, y eso si es de justicia decirlo, son tratados correctamente y no suponen ningún peligro, al menos de momento.
  3. Construir nuevas centrales nucleares es un proceso muy caro, que eleva enormemente los costes de obtención de energía, lo que pone en peligro su viabilidad en un periodo relativamente corto de tiempo.

Por estos motivos, soy partidario de realizar una transición a medio plazo, más allá de 2030 (ver artículo “Energías renovables. Objetivo 2030” del número de enero de 2010 de la revista Investigación y Ciencia) de las fuentes de energía Nuclear, carbón y gas natural, hacia fuentes de energía renovables, que en nuestro propio país han demostrado una sobrada eficacia que aún es superable.

Me gustaría, también, hacer un llamamiento a las instituciones (si, ya se que no me van a hacer ni caso, pero por decirlo) a que inviertan en investigación de nuevas fuentes de energía renovable que haga más sostenible su mantenimiento a largo plazo. Fuentes como la mareomotriz (las maeras), la mareotérmica (diferencia de potencial debido a la diferencia de temperatura entre superficie y fondo marino) y la undimotriz (energía generada por las olas) están insuficientemente desarrolladas en un país que cuenta con un gran número de kilómetros de costa, por poner solo un ejemplo.

Pero como dije al principio, no soy antinuclear. Mientras se produzca la transición a energías renovables y sostenibles, la nuclear formará parte esencial de nuestro panorama energético, que en cierta manera hay que reivindicar, en contra de los mitos y leyendas que provocan miedos irracionales con respecto a ella. Es una forma de energía que ha sido crucial en nuestro desarrollo durante más de medio siglo y que merece nuestro respeto. Pero es nuestro deber mirar hacia adelante e implementar las formas de energía que mejor se adapten a nuestras necesidades, pensando no solo en el mañana inmediato, sino a largo plazo. Y ese futuro, nos guste o no, pertenece a las energías renovables.

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Educación, metodologías y crisis

Últimamente, en los medios de comunicación, se está hablando mucho de la educación. Pero, al contrario de lo que nos gustaría, no desde el punto de vista de cuales son las necesidades del niño o que metodología es mejor, sino desde el punto de vista puramente conómico y de destrucción masiva que las políticas neoliberales impuestas desde Bruselas (y cumplidas con sumo placer por parte del gobierno acutal de Mariano Rajoy).

Pero lo bueno que de siempre han tenido las crisis, es que es un buen momento para poner todo en duda y rehacerlo de nuevo. Es el momento de hacer todas esas preguntas y cuestionarlo todo. De esta manera se evoluciona y se mejoran las cosas. por desgracia la realidad nos apremia a un momento económicamente difícil, y que está relegando a la educación a algo solo disponible para quien pueda pagarselo.

Pero… ¿Realmente merecía la pena este sistema educativo?. Con las cifras del informe Pisa en las manos, que actualemente es el único referente mínimamente objetivo que tenemos, somos uno de los países desarrollados con peores resultados (ver entrada en wikipedia, con datos de 2009). A esto hay que añadirle un fracaso escolar de en torno al  30% que, curiosamente, no nos hace saltar las alarmas. La crisis económica no ha hecho más que acentuar la mala marcha de un sistema que ya de por sí no funciona muy bien.

Cambiar el sistema

Quizá pueda parecer radical, pero ¿que y porqué enseñamos a nuestros hijos?¿que pretende el actual sistema de educación? La respuesta es sencilla si cogemos un libro de historia. Nuestro sistema educativo actual no es más que la continuación del sistema educativo Prusiano, que propugnaba la escolarización gratuita, obligatoria y estatal. Basado en este principio, se creó el sistema educativo de occidente, con el objetivo claro de crear “engranajes” para el sistema productivo. No es su objetivo crear ciudadanos, sino máquinas de trabajar. Un sistema basado en recibir una nota en base a un sistema prefijado según unos contenidos previstos y que hay que aprender al mismo tiempo, si quieres tener alguna probabilidad de éxito en esta sociedad. Incluso la sirena del colegio recuerda a la de una fábrica, que marca inexorablemente los horarios y las actividades. El sistema educativo, tal y cual está presentado,  consiste en practicar los experimentos de condicionamiento clásico de Paulov sobre nuestros hijos.

De esta forma, cohartamos de forma directa la creatividad y el desarrollo de la inteligencia en nuestros niños y jóvenes. Este sistema parece obviar la curiosidad innata en el ser humano y su capacidad de aprendizaje. La realidad es otra bien distinta y descubrimos, con gran asombro, que niños etíopes, analfabetos y sin ninguna clase de formación previa son capaces, sin que nadie len enseñe, no ya solo a utilizar una tablet con Android, sino que son capaces de “hackearla” para poder acceder a posiblidades que no se les ha dicho que existian. ¿Tiempo necesario? 5 meses (entrevista original en la BBC).

Pero desde luego existen múltiples alternativas, basadas en potenciar la inteligencia y creatividad el niño, independiente mente de su edad o del curriculum a conseguir, basado en sus capacidades personales y fomentando su interes personal. El que más fuerza está teniendo en estos días es el método Montessori, que:

Se caracteriza por poner énfasis en la actividad dirigida por el niño y observación clínica por parte del profesor. Esta observación tiene la intención de adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo. El propósito básico de este método es liberar el potencial de cada niño para que se autodesarrolle en un ambiente estructurado.

Es decir, es un sistema basado en las capacidades del propio niño y no de las capacidades prefijadas que le queramos transmitir. Este y otros métodos podemos verlos analizados en el documental “La educación Prohibida“.

Pero desde el mundo educativo más tradicional ya empiezan a haber voces discordantes y nos podemos encontrar con que profesores del prestigio de Enrique Dans, ponen en completa duda la metodología con la que enseñamos a nuestros hijos. ¿Es eficiente, o simpelmente razonable, seguir enseñando a nuestros hijos a memorizar datos basados en un libro de texto?.

  Quizá como padres deberíamos plantearnos no solo si nuestros hijos van a aprender, sino que y como lo van a aprender, que valores queremos que les transmita esa educación y cual va a ser su utilidad en un futuro. Porque, por favor, que alguien me recuerde cual es la utilidad en la vida diaria de aprenderse de memoria la lista de los reyes godos.

 Educación y economía

En el centro del debate, sin embargo, siempre está el peso del coste en educación para el estado. Y en el actual estado de crisis parece que para los estados, a pesar de que la UNESCO recuerde que “por cada dólar invertido la educación y formación de jóvenes se puede obtener quince veces más en crecimiento económico“, la educación es un gasto y no una inversión, que debe ser adelgazada a pasos agigantados, reduciendo de forma drástica toda inversión en este sentido y dejándonos en una situación de desamparo total.

Pese al evidente adoctrinamiento del sistema educativo prusiano impuesto, el estado debe de seguir siendo el garante y financiador de la educación ya que esta es la única manera de que ésta no se vuelva un recurso propio para ricos, tal y como hemos visto en otras épocas históricas. Todos debemos tener las mismas posibilidades de acceder a la educación. Sin esa base, la sociedad caerá otra vez. Y la ignorancia nos sale bastante más cara.

Solo un cambio en estas políticas y en esa mentalidad de ver la educación como una forma de conseguir material productivo, conseguirá que salgamos del bache. Porque esta no es una crisis sólamente financiera. Esta solo ha dejado al descubierto que todo iva mal.

 

El ser humano como especie competitiva o colaborativa

Esta es una disyuntiva que no es tan baladí como parece. No carece de importancia, pues es la base de nuestro sistema social y económico. En la actualidad, el sistema económico neoliberal se basa en la idea de que el somos un conjunto de individualidades, compitiendo entre si por los escasos recursos. Esto da lugar a toda la teoría económica capitalista, de Adam Smith en la que se establece la propiedad privada y el libre mercado como bases de la sociedad. Las leyes de patentes se basan en la idea de que las empresas compitan entre sí, con el objetivo de obtener un producto patentado que le ofrezca una rentabilidad económica, como incentivo. Esta rentabilidad económica sería la base para un rápido avance de la sociedad, obteniendo productos cada vez mejores, gracias a la competitividad entre las empresas. De hecho, en los últimos meses, seguramente, no habreis oido otra cosa: competitividad y crecimiento, dicho como un mantra único al que no podemos enfrentarnos, y que es la base de la economía de mercado.

Es curioso como hemos formado toda nuestra sociedad en el valor de la competición, exaltado los valores deportivos o exacerbando la capacidad indivual, creando un mundo individualista donde el trabajo en grupo es creado como de “grupos individuales” y no de una cooperación real, al servicio siempre de un objetivo económico.

Tal es así que Julio Anguita, en un artículo de opinión para el diário digital Público , nos dice:

“En un debate habido en la Fundación Canal tuve como contradictor a Percival Manglano, Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid. En un momento dado el señor Manglano mantuvo que la Democracia llevada hasta sus últimas consecuencias degenera en demagogia y populismo; en consecuencia el sistema democrático debiera tener unos elementos correctores que impidieran tal riesgo. Al preguntarle yo si se refería a las constituciones o al demos, me contestó que el elemento corrector por antonomasia era el mercado.

Gregorio Peces Barba mantiene en uno de sus escritos que el derecho al trabajo sólo puede ser cumplido si coinciden en el mismo sujeto el defensor de ese derecho subjetivo y el empleador. Pero como tal enunciado podría llevar a conclusiones no queridas termina diciendo en referencia al artículo 35 de la actual constitución que debemos desembarazarnos de una promesa incumplida y de imposible cumplimiento, de una rémora, justificada en el pasado, pero que hoy puede ser una gigantesca hipocresía.

El corolario de ambas opiniones es bastante claro: el actual sistema económico, considerado como único, inmutable y científico, se impone a las tradiciones democráticas, a las grandes conquistas políticas, económicas y sociales. De un plumazo son barridos la Declaración de DDHH y textos vinculantes derivados de ella, los derechos sociales y el propio Estado de Derecho. Cobran su exacto sentido las palabras de Hans Tietmeyer en 1994; el entonces presiente del Bundbesbank afirmó que los políticos deben aprender a obedecer los dictados de los mercados. Y en ese mismo sentido Alain MInc, dirigente empresarial y asesor de Sarkozy ha afirmado que el mercado es el estado natural de la sociedad, la democracia no.”

Sin embargo, este corolario ha dado lugar a un estado que resulta totalmente demagógico e irreal, donde el dinero ha cogido más importancia por si mismo que los supuestos recursos que debería gestionar, tal y como vimos en el artículo “El porque de la crisis económica“.

Colaboración Vs. Competitividad

Pero la realidad se impone. Esa es una máxima con la que no contaban cuando se inventaron las grandes mentiras sociales. Y así, la competitividad en los mercados ha dado lugar a un estado de “guerra” permanente entre empresas, estados y personas, que lejos de servir al avance de nuestra sociedad, nos induce a fagocitarnos los unos a los otros, en una espiral autodestructiva.

Así, por ejemplo, para generar beneficios económicos, las empresas contratan allí donde sea más barato producir, independientemente de las condiciones de trabajo en terminos de horario, seguridad o salario que se den. De echo, cuanto más bajos y peores sean estos términos, más barato resultará la producción y hará a la empresa más competitiva. Sin embargo esto no se ha traducido siempre en avances que lleguen hasta la población y en muchas ocasiones han frenado el desarrollo real que podría haberse producido.

Un ejemplo lo tenemos en la lucha contra el Alzheimer, en el proyecto Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative (ADNI) del que Enrique Dans habla en un muy recomendable artículo: “Alzheimer y propiedad intelectual“, donde nos dice:

“Cinco años después del comienzo de la iniciativa, los resultados saltan a la vista: múltiples compañías e instituciones han contribuido con sesenta millones en fondos al proyecto, ha sido más sencillo obtener pacientes con los que desarrollar pruebas, se ha generado un conjunto de más de ochocientos pacientes y controles, el archivo de datos ha sido descargado más de tres mil doscientas veces, y la base de datos con imágenes de los escáneres cerebrales, en casi un millón de ocasiones. El esfuerzo ha dado lugar a una gran cantidad de papers de investigación, y a más de cien estudios en progreso sobre fármacos que podrían ralentizar o detener la evolución de la enfermedad.”

Que es justo lo contrario de lo que, según la teoría competitiva que el capitalismo neoliberalista nos intenta imponer, debería haber ocurrido. De hecho, esta obsesión por obtener el mayor beneficio posible, no siempre pone sobre el escenario la competitividad que debería y genera, justo, el efecto contrario, como el buen doctor Elkin Patarroyo ha podido comporobar en sus propias carnes a la hora de producir la vacuna contra la Malaria :

“Según recordó, una multinacional farmacéutica le llegó a ofrecer la vacuna a un precio de 75 dólares la dosis. El había calculado que debería rondar los 10 céntimos de euro. Por este motivo, Patarroyo rechazó la oferta de la empresa, dado que de otra manera la vacuna nunca llegaría a los más necesitados, «que es para lo que he estado trabajando durante los últimos 33 años». «No somos instituciones de beneficencia y tenemos que responder ante nuestros accionistas», afirma que le espetó un de los máximos responsables de uno de los laboratorios.”

Así las cosas, podríamos decir que esta competitividad al final está trayendo más problemas que soluciones, puesto que cuando se elimina de en medio, obtenemos unos ratios de avance y de beneficios en recursos, que no económicos necesariamente, muy importantes.

Violencia y Criminalidad

Pero, después de todo, el ser humano es, por naturaleza, acaparador de recursos. Aunque la colaboración pudiera ser beneficiosa para nosotros, al igual que el no usar la violencia, es obvio que el hombre compite con otros hombres y que la violencia forma parte de la sociedad, incluso ahora, que tenemos la mejor de las sociedades posible. Forma parte de la naturaleza humana; está impreso en nuestros genes y, contra eso, no se puede hacer nada.

Pero todo esto no son más que excusas. La realidad es que, cuando a nivel científico estudiamos nuestros genes, descubrimos que tenemos “genes de sobra”, ya que algunos grupos de alelos tienen funcionalidades similares. Esto ocurre, precisamente por la función Epigenética, término acuñado por C. H. Waddington en 1953 para referirse al estudio de las interacciones entre genes y ambiente que se producen en los organismos. Dependiendo del ambiente, se activan o desactivan determinados genes, adaptándolos al entorno.

La realidad es que la violencia y la competitividad son referencias del entorno y no propiedades intrínsecas del hombre. En las sociedades competitivas, donde hay una acaparación de recursos (hoy en día, sobre todo económicos), se produce una relación asimétrica entre las personas que tienen dichos recursos (ricos) y los que no (pobres). Esto genera una pobreza relativa (de los probres con respecto a los ricos), que da la sensación a los pobres de “robo” de recursos (en la mayor parte de los casos, a lo demás, es así) que deben de ser recuperados. La falta de recursos en estas relaciones asimétricas hace que los más desfavorecidos accedan a ellos através de la violencia (delincuencia), o que los acaparadores de recursos la usen (la violencia) en su beneficio (represión policial, invasión de países, etc…). La pobreza relativa es la principal fuente de violencia y delincuencia a nivel mundial.

Sin embargo, si tomamos sociedades cooperativas, como las cristianas anabaptistas (Amish, Menonitas o Huteritas) o los Kibuzt Israelies, podremos ver como las relaciones simétricas en el reparto de recursos hacen unas sociedades carentes de delincuencia y de violencia en ninguna de sus formas (exceptuando las creadas por las propias costumbres religiosas, como el machismo o la homofobia). Las personas colaboran entre sí, entendiendo que los recursos son para todos y que nuestra aportación es importante para la comunidad.

Conclusiones

La principal conclusión a la que podemos llegar es, primero, que no existe un estado natural del ser humano en si mismo, que se adapta a cualquiera de las dos situaciones (colaboración o competición) como parte de su adaptación al entorno, deshechando el mito de la naturaleza del ser humano que es, en última instancia, inexistente. Si tuvieramos que definir una naturaleza para el ser humano, podríamos decir que su naturaleza es adaptarse al entorno en el que se encuentra para sobrevivir.

Pero ¿cual de las opciones es la más beneficiosa? Queramos como queramos verlo, la opción de la competición solo genera problemas reales para el ser humano, creando un ser ruín, capaz de cualquier cosa para acaparar recursos en su propio beneficio e, incluso, poniendo al sistema de gestión de dichos recursos (dinero) por encima de sus congéneres, suponiendo esto la mayor de las perversiones de los sistemas creados nunca por el ser humano.

Las sociedades colaborativas, dependientes del “procomún“, son más equitativas, con unos niveles de felicidad mayores y carentes en su grueso, de delincuencia y de comportamientos violentos.

Directamente podríamos decir que sin bien es inútil e innecesario determinar si el hombre es un ser competitivo o colaborativo, si podríamos determinar que la sociedad colaborativa es mucho más beneficiosa y, por lo tanto, debería ser el paradigma a seguir y sobre la que formar nuestra sociedad, en contra de la situación actual de competitividad que el neoliberalismo pretende imponer y que nos ha llevado a la grave situación de crisis económica actual (que no de recursos, recordemos) y que nos tiene inmersos en la locura ecocida .