Buscando la verdad…

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Bien, antes de que mucha gente se eche las manos a la cabeza pensando que es una barbaridad y empiecen a hablarme de Corea del Norte o Venezuela, por favor, leeros íntegro el artículo.

Ya hace algún tiempo que hablamos en este mismo blog de la necesidad de un cambio del modelo económico . Y aunque esto se escribió en Julio de 2014, el tiempo ha terminado dando la razón a los que ya lo veíamos venir.

El gran problema de esta cuestión es que ha sido abordada, habitualmente, por políticos abanderados de una u otra ideología, en pos de una visión teoría e ideologizada de la realidad. Así podemos encontrar detractores , incluso dentro de la misma ideología de izquierdas, con argumentos que siempre pecan del mismo error. Y es a partir de este planteamiento erróneo donde pierden sentido estas argumentaciones. Como bien indica Enrique Dans en su artículo:

Cuidado con este concepto: si nos enfrentamos a la idea de que trabajar deje de ser necesario, y que sea simplemente algo que hacemos para realizarnos, para intentar contribuir al bien común o para diferenciarnos con unos ingresos superiores a la media, nuestra mente choca con muchos siglos de percepciones contrarias, con la idea de que “el trabajo dignifica” o con religiones que afirman que el trabajo es un deber impuesto como una especie de penitencia para pagar por algún tipo de pecado original. Seas o no religioso, no es sencillo desprenderse de esos clichés.

Tanto el modelo económico capitalista, como el comunista o el socialista, intentan lidiar actualmente con el mismo problema: son sistemas económicos diseñados en una época de enorme ineficiencia productiva, que requería del trabajo de muchas personas durante muchas horas para poder sacar a delante todos los productos necesarios. Desde a nivel agrícola, donde se perdía la mitad de la cosecha de forma casi segura (cuando no se perdía entera) a los actuales campos de transgénicos que aseguran casi un 99% de la producción; hasta la producción industrial con la hiper-robotización. Y he aquí el echo diferencial que ya Jeremmy Rifkin apuntaba en 1995 en su libro The End of Work . O que bien ha comentado ya Elon Musk recientemente:

La renta básica universal será necesaria cuando los robots nos quiten el trabajo

Es curioso que incluso un problema planteado por Donald Trump con respecto a Apple también nos muestre esta tendencia. De hecho en una entrevista echa por el propio Enrique Dans ya se comenta :

… La gran verdad es que el impacto del coste de mano de obra directa es cada vez menor sobre el total del proceso de fabricación, lo que lleva a que este tipo de “relocalizaciones tras la deslocalización” se hayan convertido de alguna manera en tendencia, y a que incluso muchas compañías lo utilicen como un elemento de marketing positivo vinculado con la responsabilidad social corporativa.

¿ Qué ventajas competitivas ofrece producir en China?

R. China fue el “fabricante del mundo” por sus bajos costes laborales unitarios durante muchos años, y ahora, se está adaptando fantásticamente bien a la robotización. Hemos pasado de aquel “made in China” que en realidad quería decir “Assembled in China” a un “Engineered in China” que refleja un desplazamiento muy fuerte del gigante asiático en términos de valor añadido, y ahora vemos cómo muchas de las populosas fabricas del país, en las que proliferaban problemas laborales, abusos y condiciona insalubres, reducen ahora plantilla en un 85% al tiempo que incrementan su producción y su calidad gracias a la robotización, y dejan al 15% restante encargados del mantenimiento de los robots.

Y es que ya es una tendencia la relocalización (la vuelta de empresas de China a su país de origen, como EEUU), pero el efecto no es el esperado, ya que generan menos puestos de trabajo que los que tenían en las fábricas asiáticas, a base de robotizar el sistema. Y es que la hiper robotización de los procesos industriales es ya un hecho y no el futuro. Así que este futuro con las máquinas trabajando y las personas disfrutando de la vida no esté, quizá , muy lejos. Pero para ello hemos de quitarnos los prejuicios de encima y analizar como funciona realmente.

En su libro, The End of Work, Jeremmy Rifkin ya nos propone las siguientes soluciones:

Ante la ausencia de soluciones por parte de los actores institucionales (Estado, sindicatos…) y económicos (empresas, bancos…) propone, una vez reconocida la imposibilidad de acabar con el desempleo estructural actual con las medidas tradicionales:

Repartir el empleo, es decir repartir el trabajo asalariado
Rediseñar la semana laboral y la jornada laboral: reducción de la semana laboral y la reducción de la jornada laboral.
Establecer un nuevo contrato con la sociedad civil basado en la economía social o tercer sector que incluiría el reconocimiento y potenciación de:
La sociedad civil (Organizaciones no gubernamentales, Organizaciones sin ánimo de lucro, asociaciones…).
Implantación del denominado ingreso anual garantizado (similar a la Renta básica universal).
Modificación de la fiscalidad para promover la economía social.

Pero aquí surge una duda más que razonable: ¿salen las cuentas? Según los cálculos que se han hecho si, salen. Y de hecho sería rentable.

… Si pretendiésemos dar a cada uno de los 322 millones de norteamericanos una renta básica de $10,000 anuales, nos iríamos a un coste de $3.22 billones (billones españoles, en notación norteamericana hablaríamos de trillones). Sin embargo, el resultado si excluyésemos a los 45 millones de pensionistas que ya reciben una renta básica a través de la seguridad social, y a los 70 millones de personas que ingresan más de $100,000 anuales, que devolverían con creces el importe de la renta básica en forma de impuestos, el resultado ya va acercándose mucho más al billón de dólares que cuesta mantener todo el sistema de subsidios que actualmente mantiene la administración norteamericana para paliar cuestiones como el desempleo, la pobreza, la falta de vivienda, etc., que serían precisamente objeto de sustitución. Si eliminásemos, además de esos importes, los costes de la maquinaria administrativa necesaria para hacerlos funcionar, las cuentas empiezan a ser mucho más interesantes.

(Enrique Dans –  Boomberg)

El tema es tan serio que hasta Finlandia está estudiando el tema y aunque no lo va a implantar a nivel nacional si que va a hacer un programa piloto para ver cuales son los resultados .

Como vemos el tema no es baladí, ni tan sencillo como pensar en si es más justo o no socialmente. Hay muchos factores a tener en cuenta, y quizá analizándolo, sea el futuro del modelo económico a seguir durante las próximas décadas.

Y vosotros ¿que opinais?

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