Buscando la verdad…

Archivo para marzo, 2014

El cambio de modelo económico

mercados

“Las máquinas nos quitan el trabajo”. Esta es una frase que seguramente todos habremos oído en alguna ocasión. Y algo de eso hay. Una máquina, manejada por una persona puede realizar el trabajo que antes realizaban 10 o incluso 100. Un ejemplo paradigmático ha sido el de la empresa Red Digital Cinema Camera Company , que fabrica cámaras digitales para cine y que en 2012 decidieron que les resultaba más barato tener una fábrica hiper-robotizada en California, que una fábrica de “esclavos” en China.

Pero esto no es ninguna novedad. Ya en 1995, Jeremy Rifkin escribió un libro llamado “The End Of Work“, donde afirma que el desempleo a nivel mundial podría aumentar a medida que la tecnología de información elimine decenas de millones de puestos de trabajo en los sectores agrícola y de servicios de fabricación. Algo que podríamos resumir como un “no hay trabajo para todos”. Y el tiempo le ha dado la razón.

Ya en los años 50 se empezó a percibir el problema, aunque no lo vieron aún como tal. El sistema capitalista exigía un crecimiento de la economía, lo que significaba, siempre, un aumento de la producción. El aumento de la eficiencia en la industria, gracias a la mecanización, y en la agricultura, gracias a toda una nueva gama de productos químicos, hicieron que legara un momento en el que era imposible producir más, puesto que ya se cubrían las necesidades de la población. Y por lo tanto, no hacía falta nueva mano de obra. Así que había que inflar artificialmente la producción. Y para ello se valieron de un “truco” que ya se usaba desde 1924 pero que el diseñador industrial Brook Stevens popularizó en 1954: la obsolescencia planificada. Esta no es más que es una política de planificación o diseño de un producto con una vida útil limitada, por lo que se convertirá en obsoleto, es decir, fuera de moda o ya no es funcional después de un cierto período de tiempo. La obsolescencia planificada tiene beneficios potenciales para un productor, porque para obtener uso continuado del producto, el consumidor está bajo presión para comprar uno nuevo, ya sea del mismo fabricante (una pieza de repuesto o un modelo más nuevo), o de un competidor que también puede depender de la obsolescencia programada.

Este sistema mantuvo la ilusión de que el sistema funcionaba, peses a las numerosas burbujas que se produjeron en el camino. Pero con el cambio de milenio, el espejismo se difuminó. Y se volvió a ver que no había trabajo para todos. Así que se hizo un nuevo parche, llamado “minijobs”,que en la práctica resultan ser un desastre que no soluciona el problema y crea otros nuevos.

Todo esto proviene de un problema de base, y es que se intenta aplicar un sistema económico (ya sea liberal-capitalista o comunista) creado con parámetros del siglo XVIII, en una época de escasa mecanización, nula robotización y gran ineficiencia en las labores agrícolas e industriales. Pero el problema no son las máquinas, sino la nula adaptación del modelo a la nueva situación.

El propio Jeremy Rifkin propuso ya este cambio, sugiriendo un concepto similar al de minijob, pero con mejor remuneración: trabajar menos horas por más dinero. Después de todo lo importante no es tanto el coste del trabajador, sino aumentar las transacciones comerciales. Desconozco si estaba en lo cierto o no, pero lo que sí era vidente es que el modelo económico actual no sirve y hay que cambiarlo por otro. Y mientras no lo hagamos, seguiremos en una eterna crisis.

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