Buscando la verdad…

Archivo para abril, 2012

Iglesia Católica, Represión y Dictadura

Nos es familiar oir de los creyentes la idea de que el mensaje de Dios es amor por el projimo. Que el mensaje de Diós es caridad. Que el mensaje de Dios es ayudar. Pero esta idea, podría denominarse próxima al deísmo y bien alejada de lo que la ICAR (Iglesia Católica Apostólica y Romana) muestra con sus actos. La ICAR borra con el codo lo que escribe con la mano, convirtiendose en la institución que más y mejor a ejercido y defendido los métodos violentos y represivos a lo largo de su historia.

Los comienzos

Aunque, para ser justos, todo esto no llegó hasta el año 325 d.c. Antes de esta fecha el cristianismo era una religión minoritiaria e incluso perseguida en algunos lugares, pero que estaba teniendo una rápida expansión por asía y oriente medio, implantandose a gran velocidad también por occidente. Muestra de esta rápida expansión y crecimiento lo tendríamos en el valle de Göreme  (en Capadocia – Anatolia Central, en la actual Turquía), en donde podremos encontrar cientos de iglesias cristianas excavadas en la roca, pertenecientes a los primeros estadíos de expansión de la religión y donde encontraremos frescos que nos muestran las representaciones idealizadas de los inicios (en torno al siglo I y siglo II de nuestra era).

Esta era una época en la que estaban totalmente al día los debates sobre todos los temas de la cristandad y en la había diferentes opiniones y visiones sobre temas importantes, que luego se convertirían en dogmas defendidos a sangre y fuego por la Iglesia católica, una institución todavía incipiente. En esta época eran pocas las expresiones de violencia y toda idea era bienvenida y discutida para dilucidar cual era la verdad expresada a través de la doctrina cristiana.

Pero todas estas ideas tenían su contrapartida. Las diferentes visiones que tenían los creyentes sobre algunos temas, como por ejemplo la naturaleza de Jesus de Nazaret, estaban poniendo en serio peligro la estabilidad del recientemente unificado Imperio Romano, después de que Constantino venciese a Licinio. Fué entonces, cuando aconsejado por Osio de Córdoba, decidió convocar un concilio ecuménico de obispos en la ciudad de Nicea, donde se encontraba el palacio imperial de verano. El propósito de este concilio debía ser establecer la paz religiosa y construir la unidad de la Iglesia cristiana. Pasaría a la historia conocido como el Concilio de Nicea , pese a que posteriormente hubo otro (año 870).

Fué en este concilio donde decidieron suprimir las decenas (hay quien habla de cientos) de evangelios existentes ( algunos de ellos los podemos encontrar hoy, bajo el nombre de evangelios apócrifos), seleccionando solo aquellos 4 que hoy en día nos han llegado: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Dichos evangelios fueron cuidadosamente seleccionados para dar una imagen muy concreta de Jesus de Nazaret, contraria al movimiento Arriano o SemiArriano, más pendientes de asegurar la estabilidad el imperio, que de las propias creencias en sí. Aún así, según la tradición, estos textos fueron elegidos:

  1. Después de que los obispos rezaran mucho, los cuatro textos o evangelios que conocemos hoy día volaron por sí solos hasta posarse en el altar.
  2. Se colocaron cientos de evangelios en competición sobre el altar y los apócrifos cayeron al suelo mientras que los canónicos no se movieron en absoluto.
  3. Se eligieron los cuatro evangelios canónicos y se pusieron sobre el altar y se conminó a Dios a que si había alguna sóla palabra falsa en ellos cayeran al suelo. Cosa que no sucedió con ninguno.
  4. Penetró en el recinto de Nicea el Espíritu Santo, en forma de paloma, y posándose en el hombro de cada obispo les susurró qué evangelios eran los auténticos y cuáles los apócrifos.

La Senda post Nicea

Fué a partir de aquí que la religión se convirtió en un instrumento al servicio político, usando su sentido trascendente para tener a la población dirigida y aleccionada en el servilismo hacia el estado. La unión de Iglesia y estado se hizo totalmente patente a partir de entonces, comenzando una época de represión sin antecedentes hasta entonces. La historia de la edad media hasta la actualidad, nos muestra con cuanta energía la Iglesia imponía los dogmas de fé entre la población, impidiendo cualquier tipo de disidencia y sofocandola inmediatamente a sangre y fuego. Fué el máximo exponente de esta represión La Santa Inquisición (hoy en día conocida como Congregación para la Doctrina de la Fe).

Y aunque la Inquisición desapareció como tal a finales del siglo XVIII, la realidad es que la ICAR siguió ejerciendo su poder, arrimandose a aquellos que ostentaran el poder. De hecho, cuanto más “energéticamente” ostentaran dicho poder, más se arrimaban, al considerarlos un poder estable. La unión Iglesia – Estado volvía a ser un binomio que ejercía su voluntad sobre el pueblo. Así la ICAR se unió sin problemas a gobernantes como Francisco Franco, la familia Somoza, Pinochet, Hitler, Juan Vicente Gómez, Duvalier o Strossner.

Todas estas “amistades” son ahora obviadas o relegadas como meramente anecdóticas, con el fin de obtener una nueva imágen, defensora de la vida, de la familia y de la tradición (curiosamente muy vinculada también a partidos políticos de Derechas). Incluso alguna vez, como es en el caso de Hitler, intentado hacer pasar a éste dictador ¡¡¡ como ateo !!!, cuando la realidad es bien distinta.

Conclusiones

La ICAR es la organización responsable de más muertes, odio racial y represión ciudadana que ha existido en toda la historia, solo seguida de cerca por la religión musulmana que anda tras sus pasos. No cabe otra conclusión. Y el único futuro posible es su disolución y acabar como una anecdota desgraciada en los libros de historia, junto con el resto de historias inventadas en la edad de bronce y continuaciones. Solo de esa manera se podrá avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.

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El ser humano como especie competitiva o colaborativa

Esta es una disyuntiva que no es tan baladí como parece. No carece de importancia, pues es la base de nuestro sistema social y económico. En la actualidad, el sistema económico neoliberal se basa en la idea de que el somos un conjunto de individualidades, compitiendo entre si por los escasos recursos. Esto da lugar a toda la teoría económica capitalista, de Adam Smith en la que se establece la propiedad privada y el libre mercado como bases de la sociedad. Las leyes de patentes se basan en la idea de que las empresas compitan entre sí, con el objetivo de obtener un producto patentado que le ofrezca una rentabilidad económica, como incentivo. Esta rentabilidad económica sería la base para un rápido avance de la sociedad, obteniendo productos cada vez mejores, gracias a la competitividad entre las empresas. De hecho, en los últimos meses, seguramente, no habreis oido otra cosa: competitividad y crecimiento, dicho como un mantra único al que no podemos enfrentarnos, y que es la base de la economía de mercado.

Es curioso como hemos formado toda nuestra sociedad en el valor de la competición, exaltado los valores deportivos o exacerbando la capacidad indivual, creando un mundo individualista donde el trabajo en grupo es creado como de “grupos individuales” y no de una cooperación real, al servicio siempre de un objetivo económico.

Tal es así que Julio Anguita, en un artículo de opinión para el diário digital Público , nos dice:

“En un debate habido en la Fundación Canal tuve como contradictor a Percival Manglano, Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid. En un momento dado el señor Manglano mantuvo que la Democracia llevada hasta sus últimas consecuencias degenera en demagogia y populismo; en consecuencia el sistema democrático debiera tener unos elementos correctores que impidieran tal riesgo. Al preguntarle yo si se refería a las constituciones o al demos, me contestó que el elemento corrector por antonomasia era el mercado.

Gregorio Peces Barba mantiene en uno de sus escritos que el derecho al trabajo sólo puede ser cumplido si coinciden en el mismo sujeto el defensor de ese derecho subjetivo y el empleador. Pero como tal enunciado podría llevar a conclusiones no queridas termina diciendo en referencia al artículo 35 de la actual constitución que debemos desembarazarnos de una promesa incumplida y de imposible cumplimiento, de una rémora, justificada en el pasado, pero que hoy puede ser una gigantesca hipocresía.

El corolario de ambas opiniones es bastante claro: el actual sistema económico, considerado como único, inmutable y científico, se impone a las tradiciones democráticas, a las grandes conquistas políticas, económicas y sociales. De un plumazo son barridos la Declaración de DDHH y textos vinculantes derivados de ella, los derechos sociales y el propio Estado de Derecho. Cobran su exacto sentido las palabras de Hans Tietmeyer en 1994; el entonces presiente del Bundbesbank afirmó que los políticos deben aprender a obedecer los dictados de los mercados. Y en ese mismo sentido Alain MInc, dirigente empresarial y asesor de Sarkozy ha afirmado que el mercado es el estado natural de la sociedad, la democracia no.”

Sin embargo, este corolario ha dado lugar a un estado que resulta totalmente demagógico e irreal, donde el dinero ha cogido más importancia por si mismo que los supuestos recursos que debería gestionar, tal y como vimos en el artículo “El porque de la crisis económica“.

Colaboración Vs. Competitividad

Pero la realidad se impone. Esa es una máxima con la que no contaban cuando se inventaron las grandes mentiras sociales. Y así, la competitividad en los mercados ha dado lugar a un estado de “guerra” permanente entre empresas, estados y personas, que lejos de servir al avance de nuestra sociedad, nos induce a fagocitarnos los unos a los otros, en una espiral autodestructiva.

Así, por ejemplo, para generar beneficios económicos, las empresas contratan allí donde sea más barato producir, independientemente de las condiciones de trabajo en terminos de horario, seguridad o salario que se den. De echo, cuanto más bajos y peores sean estos términos, más barato resultará la producción y hará a la empresa más competitiva. Sin embargo esto no se ha traducido siempre en avances que lleguen hasta la población y en muchas ocasiones han frenado el desarrollo real que podría haberse producido.

Un ejemplo lo tenemos en la lucha contra el Alzheimer, en el proyecto Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative (ADNI) del que Enrique Dans habla en un muy recomendable artículo: “Alzheimer y propiedad intelectual“, donde nos dice:

“Cinco años después del comienzo de la iniciativa, los resultados saltan a la vista: múltiples compañías e instituciones han contribuido con sesenta millones en fondos al proyecto, ha sido más sencillo obtener pacientes con los que desarrollar pruebas, se ha generado un conjunto de más de ochocientos pacientes y controles, el archivo de datos ha sido descargado más de tres mil doscientas veces, y la base de datos con imágenes de los escáneres cerebrales, en casi un millón de ocasiones. El esfuerzo ha dado lugar a una gran cantidad de papers de investigación, y a más de cien estudios en progreso sobre fármacos que podrían ralentizar o detener la evolución de la enfermedad.”

Que es justo lo contrario de lo que, según la teoría competitiva que el capitalismo neoliberalista nos intenta imponer, debería haber ocurrido. De hecho, esta obsesión por obtener el mayor beneficio posible, no siempre pone sobre el escenario la competitividad que debería y genera, justo, el efecto contrario, como el buen doctor Elkin Patarroyo ha podido comporobar en sus propias carnes a la hora de producir la vacuna contra la Malaria :

“Según recordó, una multinacional farmacéutica le llegó a ofrecer la vacuna a un precio de 75 dólares la dosis. El había calculado que debería rondar los 10 céntimos de euro. Por este motivo, Patarroyo rechazó la oferta de la empresa, dado que de otra manera la vacuna nunca llegaría a los más necesitados, «que es para lo que he estado trabajando durante los últimos 33 años». «No somos instituciones de beneficencia y tenemos que responder ante nuestros accionistas», afirma que le espetó un de los máximos responsables de uno de los laboratorios.”

Así las cosas, podríamos decir que esta competitividad al final está trayendo más problemas que soluciones, puesto que cuando se elimina de en medio, obtenemos unos ratios de avance y de beneficios en recursos, que no económicos necesariamente, muy importantes.

Violencia y Criminalidad

Pero, después de todo, el ser humano es, por naturaleza, acaparador de recursos. Aunque la colaboración pudiera ser beneficiosa para nosotros, al igual que el no usar la violencia, es obvio que el hombre compite con otros hombres y que la violencia forma parte de la sociedad, incluso ahora, que tenemos la mejor de las sociedades posible. Forma parte de la naturaleza humana; está impreso en nuestros genes y, contra eso, no se puede hacer nada.

Pero todo esto no son más que excusas. La realidad es que, cuando a nivel científico estudiamos nuestros genes, descubrimos que tenemos “genes de sobra”, ya que algunos grupos de alelos tienen funcionalidades similares. Esto ocurre, precisamente por la función Epigenética, término acuñado por C. H. Waddington en 1953 para referirse al estudio de las interacciones entre genes y ambiente que se producen en los organismos. Dependiendo del ambiente, se activan o desactivan determinados genes, adaptándolos al entorno.

La realidad es que la violencia y la competitividad son referencias del entorno y no propiedades intrínsecas del hombre. En las sociedades competitivas, donde hay una acaparación de recursos (hoy en día, sobre todo económicos), se produce una relación asimétrica entre las personas que tienen dichos recursos (ricos) y los que no (pobres). Esto genera una pobreza relativa (de los probres con respecto a los ricos), que da la sensación a los pobres de “robo” de recursos (en la mayor parte de los casos, a lo demás, es así) que deben de ser recuperados. La falta de recursos en estas relaciones asimétricas hace que los más desfavorecidos accedan a ellos através de la violencia (delincuencia), o que los acaparadores de recursos la usen (la violencia) en su beneficio (represión policial, invasión de países, etc…). La pobreza relativa es la principal fuente de violencia y delincuencia a nivel mundial.

Sin embargo, si tomamos sociedades cooperativas, como las cristianas anabaptistas (Amish, Menonitas o Huteritas) o los Kibuzt Israelies, podremos ver como las relaciones simétricas en el reparto de recursos hacen unas sociedades carentes de delincuencia y de violencia en ninguna de sus formas (exceptuando las creadas por las propias costumbres religiosas, como el machismo o la homofobia). Las personas colaboran entre sí, entendiendo que los recursos son para todos y que nuestra aportación es importante para la comunidad.

Conclusiones

La principal conclusión a la que podemos llegar es, primero, que no existe un estado natural del ser humano en si mismo, que se adapta a cualquiera de las dos situaciones (colaboración o competición) como parte de su adaptación al entorno, deshechando el mito de la naturaleza del ser humano que es, en última instancia, inexistente. Si tuvieramos que definir una naturaleza para el ser humano, podríamos decir que su naturaleza es adaptarse al entorno en el que se encuentra para sobrevivir.

Pero ¿cual de las opciones es la más beneficiosa? Queramos como queramos verlo, la opción de la competición solo genera problemas reales para el ser humano, creando un ser ruín, capaz de cualquier cosa para acaparar recursos en su propio beneficio e, incluso, poniendo al sistema de gestión de dichos recursos (dinero) por encima de sus congéneres, suponiendo esto la mayor de las perversiones de los sistemas creados nunca por el ser humano.

Las sociedades colaborativas, dependientes del “procomún“, son más equitativas, con unos niveles de felicidad mayores y carentes en su grueso, de delincuencia y de comportamientos violentos.

Directamente podríamos decir que sin bien es inútil e innecesario determinar si el hombre es un ser competitivo o colaborativo, si podríamos determinar que la sociedad colaborativa es mucho más beneficiosa y, por lo tanto, debería ser el paradigma a seguir y sobre la que formar nuestra sociedad, en contra de la situación actual de competitividad que el neoliberalismo pretende imponer y que nos ha llevado a la grave situación de crisis económica actual (que no de recursos, recordemos) y que nos tiene inmersos en la locura ecocida .

El porqué de la crisis económica

Bien, direis muchos. Esto ya ha si no analizado en muchos blogs, y hay hasta grandes documentales, al respecto, como “Inside Job”.

Inside Job | Subtitulada from Humanidad en Transicion on Vimeo.

Pero todos estos documentales y post lo que hacen es explicarnos como se ha producido. Cuales son los hechos que nos han llevado a la crisis económica. Cuales son las causas. Pero pocas veces nos hemos parado a pensar porqué.

Retrospectiva histórica

Antes de que se inventara el dinero, en las sociedades prácticamente tribales, el trueque era la forma de comercio. Yo tengo X y tu tienes Y y llegamos al acuerdo que que tu me das X y yo te doy 2Y o viceversa, según el valor que se le supusiera al bien a intercambiar.

Cuando estas sociedades crecieron, el trueque hacía difícil tener un control sobre cuanto se intercambiaba y como se hacían estos intercambios. Entonces se inventó un sistema intermedio, que asignaba un valor cuantitativo, matemáticamente, a las cosas. Este invento fué el dinero y su función, básicamente, fué el de gestionar los recursos disponibles, asignando un valor a todos los recursos (bienes y servicios) en función de la cantidad que hubiese de estos (oferta) y la demanda que tuvieran. Así nació la economía monetaria que conocemos hoy en día.

Comprar y vender dinero

Así las cosas, tenemos un sistema intermedio en el intercambio de bienes y servicios. Pero la intrusión del capitalismo introdujo un nuevo concepto, a través de la banca, que cambiaría las reglas del juego, dandole un giro que ha resultado crucial: el mercado de valores.

El mercado de valores, lo que conocemos como bolsa, introduce el concepto de inversión, en la cual una persona compra unos “pedacitos” de una empresa (acciones), con la intención de ganar dinero en base a las ganancias de esa empresa. Pero en la bolsa, esto queda en un segundo plano y lo importante se vuelve, al final, la subida del valor de esos “pedazitos” con vista a su venta. Este valor, de repente, no se pone en función de los beneficios de la empresa en la actualidad, sino que incrementa su valor en función de que el posible comprador crea que en un futuro tendrán más valor. El valor de las acciones se marcan en función del futuro de dichas acciones, y no en su valor presente. Campo abonado para la especulación. La bolsa, de repente, en vez de basarse en los hechos, se basa en rumores y en predicciones echas en base a lo que se cree que va a ocurrir.

Ya solo en 2007 se calculaba que el 70% de los movimientos económicos realizados a nivel mundial correspondian al mercado de valores. Y solo un 30% se correspondía con intercambio de bienes y servicios. Era la confirmación de que el sistema que tenía que gestionar nuestros recursos había cogido valor por si mismo, dejando los recursos reales en un segundo plano.

Todo esto falla por un error de concepción: cuando el dinero ha cogido más importancia que los propios recursos que debería gestionar.

Globalización y despilfarro

Pero el sistema capitalista no solo ha introducido en sus principios este punto de falla. La Globalización ha supuesto otra de las mayores perversiones en la gestión de recursos, desde el momento en el que se da un valor a un recurso no por su utilidad, sino en función de su localización.

Pensemos, por ejemplo, que queremos fabricar y distribuir para su venta en España camisetas. Para ello necesitaremos:

– Una plantación de algodón.
– Una fábrica donde conviertan el algodón en camisetas.
– Medios de transporte para trasladar el algodón a las fábricas, y las camisetas a las tiendas.

Si pensaramos en la gestión de recursos, y pensando que un mismo recurso tiene un mismo valor, lo lógico sería que la plantación y la fábrica estén lo mejor comunicadas posible, así como cercanas, para ahorrar lo máximo en transporte. Y la fábrica convendría estar lo mejor situada posible con respecto a las tiendas para ahorrar en su distribución.

Pero pensando en dinero, la cosa cambia. Como los sueldos son más bajos, el algodón lo compramos en Egipto y la fábrica la ponemos en Bangladesh. Y hacemos el transporte de todo en barco, durante miles de kilómetros. Esto supone un desperdicio de recursos brutal, que sin embargo, resulta rentable. A lo demás, en estos países donde se ponen las fábricas, los trabajadores están en un estado de esclavitud (porque no tiene otro nombre) con unas condiciones de trabajo que los directivos de estas empresas no querrían ni para las cucarachas de sus casas. Pero eso da igual.

La Globalización supone un ejemplo claro de la subordinación de los recursos al dinero, que es quien, finalmente, tiene importancia.

Conclusiones

El sistema financiero actual ha fracasado, porque en vez de intentar mejorar la distribución y gestión de los recursos naturales, servicios proporcionados y bienes de consumo, se ha puesto todo el peso del valor en el propio dinero, es decir, en la propia herramienta de gestión. Básicamente es como si le dieramos más valor a los martillos que a las mesas que fabricamos con ellos.

A partir de ahí, cuando basamos todo el valor de nuestra gestión de recursos en un sistema puramente especulativo, la crisis actual solo era cuestión de tiempo. Los recursos que tenemos a disposición son los mismos, pero las relgas de su gestión han cambiado. De echo estos recursos ya carecen de importancia. Solo importa el dinero de por si. Por eso esta crisis no tendrá fin. Porque la importancia final no la tenemos ni nosotros, ni nuestras necesidades, sino la avaricia absoluta y especulativa de unos cuantos, por acaparar una herramienta.